A 230 kilómetros al este de Madrid, en plena Serranía de Cuenca, la carretera rural termina en un lugar donde la estadística parece haber tirado la toalla. La Cierva apenas cuenta con la friolera de 22 habitantes censados, una cifra raquítica frente a los más de 400 vecinos que poblaban sus calles hace décadas. En este rincón castellano, donde el médico pasa una vez por semana, un panadero ambulante hace sus rondas y el correo llega con puntualidad, una educadora jubilada nacida en Alemania ha asumido la gestión del consistorio a sus 70 años. Se llama Christiana Scharfenberg y ejerce el cargo de forma completamente voluntaria.
¿Cómo se mantiene a flote un municipio al borde del mapa? Con botas de trabajo y paciencia. Scharfenberg no solo atiende a las vecinas que solicitan la llave de la capilla; también asume el mantenimiento técnico, la recogida de basura y la reparación de la red de agua potable. «Es diferente de lo que me imaginaba. Me embarqué en esto con un poco de ingenuidad», reconoce abiertamente la regidora al evocar sus primeros pasos. «Aquí lo que realmente importa es el pueblo. Lo hago para mantenerlo vivo, para que siga siendo un lugar donde merezca la pena vivir», desliza Christiana, quien valora como una ventaja su condición de vecina venida de fuera: «No le debo ningún favor a nadie y eso también es un alivio para mi trabajo en el ayuntamiento».
El verdadero choque cultural. Scharfenberg entiende a la perfección las razones que empujan a la población hacia las grandes metrópolis. «Probablemente aquí haya oportunidades para ganarse la vida, pero la gente quiere vivir en la ciudad donde el supermercado está cerca y puedes ir a comprar hasta las 10 de la noche». Frente a ese modelo de consumo express, vecinas como María Jesús representan la resistencia ganadera tras 20 años de pastoreo de ovejas: «Es lo que me gusta. Yo nací aquí, me crié aquí, tengo mi trabajo aquí, que es lo que me gusta. Yo no lo veo difícil vivir aquí», recalca la pastora.
De Madrid al bar del pueblo. Jorleni, una hondureña de 32 años, llegó a La Cierva huyendo del agobio y los costes inasumibles de la capital. «En Madrid tenía tres trabajos. Tenía a mi hijo muy descuidado. Y los sueldos solo dan para vivir y no me daba para alquilar un piso», evoca Jorleni, que hoy regenta el único bar local. Para fijar su residencia fue vital que Christiana se movilizase hasta lograr la recuperación del servicio de transporte escolar gratuito. «En Madrid pagaba 160, 180 de comedor escolar, aquí no estoy pagando comedor escolar. Y yo como madre sola que he sido siempre, pues yo siento que es una gran ayuda», precisa la empresaria.
Muros de papel. Toda iniciativa municipal tropieza con la rigidez institucional de las administraciones superiores. Javier López Capapé, asesor de pequeñas comunidades, advierte del verdadero cuello de botella: «Hay una dificultad administrativa detrás al estar dividido esto entre varias provincias, autonomías, y nunca se ponen de acuerdo realmente». Frente al ambiente de polarización política, Christiana, que concurrió bajo las siglas del Partido Popular, aboga por el diálogo abierto: «Siempre les he enseñado a mis alumnos que si no podemos hablar, no podremos entendernos», zanja la educadora, recordando que sin flexibilidad burocrática ni programas efectivos de ayuda para reformar viviendas rurales el dinero público jamás llega a donde se necesita.
Así que… ¿conseguirá La Cierva romper la espiral del vaciamiento demográfico?. Tras tres años en el cargo y con la incertidumbre de si volverá a presentarse a las elecciones el año que viene, Scharfenberg continúa librando la batalla día a día contra el abandono rural. Mientras los municipios de la España interior buscan fórmulas fiscales para deducirse por vivir en zonas en riesgo de despoblación, la experiencia de esta alcaldesa demuestra que la supervivencia de un pueblo no depende de grandes discursos, sino de garantizar servicios básicos, acoger a nuevos vecinos sin prejuicios y mantener la puerta del consistorio siempre abierta.
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Imagen | DW (YouTube)
Fuente: https://www.elblogsalmon.com/protagonistas/christiana-alcaldesa-alemana-70-anos-pueblo-madrid-22-vecinos-gente-quiere-vivir-ciudad-supermercados-10-noche
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