Tener un empleo estable y cumplir cada día con una jornada laboral completa ya no garantiza poder pagar una vivienda. Esta es la realidad que se vive hoy en día en España.
“Mi situación actual es que vivo en la calle teniendo un trabajo”, cuenta Manuel Heredia en declaraciones al Diari Ara.
Trabaja como mozo de almacén, cobra 1.200 euros al mes y mantiene una rutina laboral similar a la de miles de personas. Sin embargo, cuando termina su turno no vuelve a una casa ni a una habitación alquilada: duerme en la calle.
Cada vez hay más trabajadores que, pese a tener ingresos regulares, no consiguen asumir el precio de un alquiler, ni mucho menos ahorrar. La distancia entre los salarios y el coste de la vivienda obliga a algunas personas a elegir entre pagar un techo, alimentarse correctamente o afrontar los gastos básicos del mes. Un enorme dilema ya de por sí.
Una jornada laboral que comienza a las cinco de la mañana
Según cuenta, el día de Manuel empieza cuando todavía no ha amanecido. Se levanta a las cinco de la mañana, se lava la cara y los dientes, se recoge el pelo y se prepara para acudir a su puesto de trabajo. Después toma el tren y, a las 6.20 horas, cruza la puerta de la empresa.
Durante las ocho horas siguientes desarrolla su trabajo como mozo de almacén. Cuando termina, aprovecha para ducharse y emprende el camino de vuelta. Al día siguiente repite exactamente el mismo recorrido. Es una rutina laboral ordinaria, pero marcada por una circunstancia extrema: no dispone de una vivienda en la que descansar. Sus ingresos no le permiten acceder a un alojamiento que pueda mantener por sí solo.
Elegir entre una habitación y poder comer
El salario de Manuel asciende a 1.200 euros, una cantidad que resulta insuficiente para pagar una casa, cubrir la alimentación, desplazarse hasta el trabajo y afrontar otros gastos cotidianos. “Prefiero estar en la calle y poder comer, que estar en la habitación y no comer”, opina.
No se trata de que haya renunciado a disponer de un hogar, sino de una elección condicionada por sus posibilidades económicas. Alquilar una habitación consumiría buena parte de su nómina y le dejaría con muy poco margen para cubrir el resto de sus necesidades.
“Y entonces pues duermo ahí debajo de los portales de la biblioteca”, relata. Para pasar la noche utiliza cartones y cualquier material que pueda protegerle mínimamente del suelo y del frío. La biblioteca se ha convertido en uno de sus lugares habituales para dormir después de cumplir con su jornada.
Los informes de las entidades sociales advierten de que la pobreza laboral ya afecta a personas con empleos estables. Según los datos recogidos por Cáritas a través del informe FOESSA, en Cataluña alrededor de 1,4 millones de trabajadores se encuentran en situación de pobreza.
Tener una nómina, por tanto, no significa necesariamente disponer de los recursos suficientes para vivir con seguridad.
“Estoy en la calle pero quiero seguir siendo la persona decente que era”
Manuel habla también de las personas con las que comparte parte de su vida en la calle. “Hago mi trabajo, me voy a mi trabajo, vengo con ánimo y estoy con mis niños perdidos ahí, charramos, nos reímos, lo único que ellos beben y yo no”, cuenta.
Aunque convive con otras personas que atraviesan circunstancias similares, intenta mantener unas rutinas y unos límites propios. “Y piensan que yo soy una persona rara porque me gusta llevar mi integridad, mi higiene”, afirma. Para él, conservar su aseo y cuidar su comportamiento es una manera de proteger su dignidad mientras trata de salir de esta situación.
“Estoy en la calle pero quiero seguir siendo la persona decente que era”, sostiene. Inmediatamente matiza sus propias palabras en el vídeo: “Bueno, sigo siendo decente pero en la calle”.
La precariedad también se refleja en acciones tan básicas como cambiarse de ropa. “Ya me gustaría poder cambiarme todos los días de camiseta y de pantalón, pero ahora mismo no puedo porque prefiero mantener un poco más y juntar dinero a ver si consigo al final de año tener una casa”, explica.
Ahorrar mientras duerme al raso
El objetivo de Manuel es reunir la mayor cantidad posible durante los próximos meses. Dormir en la calle le permite evitar el pago de una habitación y reservar parte del sueldo con la esperanza de acceder a una vivienda antes de terminar el año.
También describe de forma directa sus condiciones laborales: “Soy de mozo de almacén, entre comillas tengo un sueldo, no es nada del otro mundo, son 1.200 euros pero con tres pagas”.
Cuando alguien trabaja ocho horas diarias y sigue sin poder pagar una habitación, ¿es un ejemplo de un sistema que falla?
Imagen | Sport
Fuente: https://www.elblogsalmon.com/economia/mozo-almacen-retrata-realidad-espana-vivo-calle-teniendo-trabajo-sueldo-1-200-euros-tres-pagas
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