
El Wall Street Journal informa de que SpaceX aspira a salir a bolsa el 12 de junio, según personas familiarizadas con la operación, preparando así lo que se espera que sea la mayor oferta pública inicial de todos los tiempos.
La compañía aeroespacial de Elon Musk pretende captar hasta 80.000 millones de dólares o más. Según algunas fuentes, cotizará en el Nasdaq.
En el ámbito de los vuelos espaciales, SpaceX ocupa una posición única. Entre el 1 de enero y el 12 de mayo de 2026, la empresa lanzó 55 cohetes al espacio. Los 55 lanzamientos fueron exitosos. El resto del mundo, en conjunto, realizó 46 lanzamientos durante el mismo periodo. Eso significa que China, Rusia, Europa, India, Japón y todas las demás compañías estadounidenses juntas efectuaron menos lanzamientos que la empresa privada SpaceX.
Lo mismo ocurrió en el conjunto de 2025: de los 324 lanzamientos globales de cohetes, 165 fueron realizados por SpaceX. Si SpaceX fuese un país, sería la primera potencia espacial del mundo, muy por delante de China, que registró 88 lanzamientos.
Las ambiciones de Elon Musk
Solo SpaceX llevó a cabo en 2025 veinte veces más lanzamientos que toda Europa con su programa espacial organizado por los Estados. Y hace más de diez años construyó el primer cohete verdaderamente reutilizable del mundo, algo que ninguna agencia espacial gubernamental ha conseguido hasta hoy. Comparada con el Space Shuttle, la empresa de Musk ha reducido los costes de lanzamiento en un 95%.
Desde 1957 hasta hoy, todos los países del mundo juntos han lanzado 15.062 satélites al espacio. Elon Musk, en cambio, ha puesto en órbita 14.844 satélites en apenas unos años. Y de los aproximadamente 15.000 satélites activos actualmente en órbita, más de 10.000 pertenecen a Starlink, la red de Musk.
Y esto es solo el comienzo. Musk tiene ambiciones enormes, como construir centros de datos en el espacio. Google está actualmente en conversaciones con SpaceX y otros proveedores de lanzamiento para un proyecto llamado Project Suncatcher. El objetivo es desplegar centros de datos alimentados por energía solar en órbita. Esta iniciativa pretende utilizar satélites equipados con las unidades de procesamiento tensorial de Google para crear una nube de inteligencia artificial en el espacio. Estos centros de datos orbitales podrían disponer de energía solar casi constante y aliviar algunas de las limitaciones de suelo y energía que afrontan los centros de datos tradicionales.
De la ciencia ficción a la realidad
Pero el verdadero objetivo grandioso es la colonización de Marte. Musk pretende transformar a la humanidad en una especie multiplanetaria. Su objetivo es establecer un millón de personas en Marte. Para lograrlo, necesitaría lanzar 1.000 naves Starship, cada una con 100 colonos, durante cada ventana de lanzamiento hacia Marte, que ocurre aproximadamente una vez cada 26 meses.
Según el Financial Times, el consejo de administración de SpaceX aprobó un paquete retributivo mediante el cual Musk podría recibir hasta 200 millones de acciones clase B si SpaceX alcanza una valoración de 7,5 billones de dólares y establece una colonia humana de un millón de personas en Marte.
Para mucha gente, esto suena a ciencia ficción. Pero hasta ahora Musk ha logrado la mayor parte de lo que se propuso. Por supuesto, eso no garantiza el futuro. Aun así, existe un escenario que podría convertir a SpaceX, con enorme diferencia, en la mayor empresa del mundo. Hablo de los REIT espaciales.
«¿Qué significa eso?»
Según el Tratado del Espacio Exterior de 1967, los Estados tienen prohibido reclamar la propiedad de cuerpos celestes o terrenos en ellos. La propiedad estatal en el espacio está prohibida. Para SpaceX, esto no es una mala noticia, sino una buena noticia.
¿Pero qué ocurre con la propiedad privada por parte de empresas o individuos? El tratado no dice nada al respecto, porque en 1967 nadie podía imaginar compañías como SpaceX dominando los vuelos espaciales. En aquella época, solo se pensaba en términos de Estados nación.
Sin embargo, es evidente que los gobiernos jamás podrán financiar proyectos como asentamientos a gran escala en la Luna o Marte. Quizá puedan construir una pequeña base lunar para investigación científica, pero desde luego no ciudades del tamaño que imagina Musk.
Si esos proyectos llegan a hacerse realidad, tendrán que financiarse privadamente. Y eso requiere permitir que empresas privadas reclamen derechos de propiedad sobre terrenos en la Luna, Marte o los asteroides.
Entonces, ¿quién debería tener derecho a adquirir propiedades en el espacio? Mi respuesta en New Space Capitalism es sencilla: quienes tengan los recursos financieros y estén dispuestos a asumir el riesgo de llegar allí, desarrollar el terreno y darle un uso productivo.
Por ejemplo, si SpaceX consigue llegar a Marte y empieza a construir asentamientos permanentes en el planeta rojo, los derechos de propiedad deberían corresponder inicialmente a SpaceX. No la propiedad de todo el planeta, por supuesto, sino de una superficie razonable, quizá del tamaño de Singapur. La superficie de Marte es 200.000 veces mayor que la de Singapur, de modo que SpaceX poseería inicialmente apenas el 0,0005 % de Marte. Eso bastaría para desarrollar múltiples asentamientos dejando al mismo tiempo enormes oportunidades para otros.
Los posible hogares en Marte
SpaceX podría financiar sus costes de transporte y desarrollo colocando terrenos marcianos dentro de un REIT inmobiliario. Su valor sería determinado por el mercado. La mayoría de la gente compraría participaciones no porque planee vivir allí, sino porque espera que el valor aumente. Los futuros colonos también podrían recibir acceso preferente a acciones o derechos sobre terrenos como incentivo para instalarse y permanecer en Marte durante varios años. De esta manera, la propiedad privada se convertiría en un mecanismo para atraer pioneros dispuestos a asumir riesgos extraordinarios.
Si se permitiera a SpaceX reclamar terrenos en otros cuerpos celestes, podría escindir filiales cotizadas como REITs. Un REIT lunar o un REIT marciano se convertirían en la mayor historia inmobiliaria de todos los tiempos.
Y no sería la primera vez que la realidad cumple las predicciones de los escritores de ciencia ficción. En 1949 —20 años antes del primer alunizaje— el célebre autor Robert A. Heinlein escribió un relato titulado The Man Who Sold the Moon. Publicado por primera vez en 1950, la historia gira en torno a Delos David Harriman, un brillante empresario decidido a lograr la primera misión tripulada a la Luna. Incluso antes del alunizaje, quería empezar a vender bienes inmuebles lunares.
Le dice a su socio:
—Este es el mayor negocio inmobiliario desde que el Papa se repartió el Nuevo Mundo. No me preguntes de qué vamos a obtener beneficios; no puedo enumerar los activos, pero sí puedo agruparlos… ¿Has leído sobre la fiebre inmobiliaria de Florida, Saul? La gente compraba parcelas que jamás había visto y las revendía al triple de precio sin haberlas pisado nunca… Cuando el boom se enfríe un poco anunciaremos la ubicación elegida para Luna City, y casualmente ocurrirá que los terrenos alrededor todavía estarán disponibles para la venta.
Necesitamos propiedad privada en el espacio. Sin ella, la conquista, el asentamiento y el desarrollo económico de la Luna, Marte y los asteroides seguirán siendo imposibles. Hace más de dos mil años, Aristóteles observó:
—La propiedad común al mayor número de personas recibe la menor atención.
La historia del siglo XX confirmó esa intuición. Todos los experimentos socialistas que abolieron la propiedad privada terminaron fracasando. ¿Por qué iba un sistema que fracasó repetidamente en la Tierra a funcionar de repente en Marte?
No: lo que la humanidad necesita son pioneros del espacio, ocupantes del espacio, igual que Estados Unidos necesitó colonos para poblar la frontera. La diferencia es que esta vez nadie será deesplazado, porque los cuerpos celestes no pertenecen a nadie.
SpaceX nunca hablará abiertamente de planes así. Estoy seguro de que los asesores de Musk le han dicho exactamente lo contrario: el folleto de salida a bolsa no debe sonar a ciencia ficción, porque eso podría asustar a los inversores. Incluso sin la visión de los REIT espaciales, SpaceX tiene potencial para convertirse en la empresa más grande de la historia.
Fuente: https://www.libertaddigital.com/libremercado/negocios/2026-05-22/rainer-zitelmann-como-spacex-podria-convertirse-en-la-empresa-mas-valiosa-de-la-historia-7408665/?utm_source=rss&utm_medium=feed&utm_campaign=Libertad+Digital%3A+Negocios
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