WhatsApp, X o Telegram son hoy la plaza pública. Donde nos enteramos de todo, incluyendo información y chismorreos. En las plazas públicas de las ciudades y villas de hace quinientos años, se encontraban ahí todo lo circulante. Todo lo que quería circular tenía que acudir a la plaza pública. Desde chismorreos, a comerciantes.
Por supuesto, los discursos se enfrentaban en la plaza pública buscando convencer y las mercancías. También lo que se convertirá en la condensación de lo circulante, el dinero. El nido del capitalismo son las plazas públicas. Es en los aledaños de las plazas públicas de lo que se va configurando como grandes urbes, donde se erigen las bolsas financieras. Es decir, donde se embolsaban- en cierta forma, detenían- los dineros y mercancías en circulación, especialmente en circulación futura. A partir de aquí, división de espacios de la circulación: gran circulación de pequeñas cantidades en la plaza pública; y poca circulación de grandes cantidades en las bolsas mercantiles.
El dinero en un chat
La gran virtud de esas plazas públicas era la de ser inicialmente el embudo por el que pasaba todo lo circulante en muchos kilómetros alrededor. Ya no había que ir a los puertos, para conocer de los viajeros -circulantes- lo que circulaba. Eran los viajeros los que iban a las plazas públicas, si querían saber de otros viajeros, de otros viajes. Los nuevos Marco Polo ya no se quedaban en los puertos o en los palacios y castillos de los nobles, sino que iban de plaza en plaza. La plaza pública se convirtió en el lugar de los desplazados, de los que circulaban sin tener plaza.
Después, se consideró que desdeñaba con indiferencia a la sociedad, sus gentes, y la realidad, a quienes dejaban de aparecer por la plaza pública. Principalmente, artistas y científicos. Se aislaban en lo que siglos más tarde se dibujó como una torre de marfil. Se quitaban de la circulación. Justificaban su huida de la circulación como distancia de un ruido que les impedía entrar en contacto con unas supuestas esencias.
Es posible que estar en la plaza pública distraiga. Incluso que conlleve un notable esfuerzo cotidiano. Pero el ruido es la esencia. Es posible que se requiera cierto silencio para producir intelectualmente. El problema es cuando el silencio de Universidades y universitarios, por ejemplo, se asemeja al silencio de los monasterios de la Edad Media, cuando ya dejaron de llamar a sus puertas los caminantes.
Las plazas públicas del Mundo
Los monasterios guardaron las esencias del mundo, incluida su espiritualidad, a costa de alejarse del mundo, acogiendo a quien se alejaba. Hoy, algunos centros universitarios y universitarios parecen en regresión monástica, teniendo en cuenta que fueron los monasterios que volvieron al mundo y la intervención en la plaza pública los que se constituyeron en el germen de las Universidades. Hoy, los intelectuales, científicos, artistas, etc. alejados de las redes sociales y su ruido son unos desplazados. Son los que han dejado la ruidosa y comprometedora presencia en la plaza pública de las redes sociales, protegidos por el muro de cemento armado -¡no hay marfil para tantos!- de la plaza pública funcionarial.
Por ruidosos sitios, atravesados de millones de voces -como X, Telegram o Wp- es por donde circula casi todo, como en esas originales plazas públicas de una Edad Media preñada ya de modernidad y, por tanto, de su fin. Son plazas públicas desterritorializadas. Se han librado de la carga del territorio. Son las plazas públicas del Mundo.
Casi todo circula por las nuevas plazas públicas del Mundo, porque falta el circulante por antonomasia: el dinero. Pero esta carencia parece que se va a solucionar dentro de muy poco. Como anunciaba hace unos días Observatorio Blockchain, aplicaciones como WhatsApp, Telegram y X están a punto de transformar las interfaces de sus chats en billeteras globales impulsadas por tecnología blockchain y stablecoins.
El dinero en un chat
Cada una de estas aplicaciones, según su estilo y modo. Pero todas estratégicamente centradas en facilitar el intercambio de dinero entre usuarios -tipo bizum– pero sin la intermediación de los bancos tradicionales. El riesgo para estos bancos tradicionales, como no se espabilen, es quedar tan aislados de la realidad como los antiguos monasterios. Bueno, todas las empresas tendrán que acelerar para estar operativamente presentes en estas nuevas plazas públicas. Ya no solo como presentadoras de catálogos o receptoras de incidencias o quejas, sino listas para la compraventa inmediata. Ahí están sus clientes. Sus chismosos, quejumbrosos o incluso impertinentes clientes haciendo circular sus mensajes, ideas, reflexiones, fotografías, ruidos y dineros.
Como toda frontera temporal, lo que separaba a la Edad Media de la Edad Moderna era difusa. Más un proceso, que un tiempo. Ahora bien, un proceso en que el tamaño y extensión de lo circulante, así como las distancias de su circulación dieron un salto fundamental.
Circulación instantánea de avatares
En comparación con la Modernidad, el medievo era un tiempo estanco. Tan estanco como les parecerá a nuestros sucesores el momento actual. Especialmente tras el impulso a la circulación instantánea de mensajes, informaciones y dineros. Para la circulación instantánea de viajeros en las nuevas plazas públicas, más cerca de lo que parece, véase el metaverso. De momento, dejémoslo en circulación instantánea de avatares. Irán con el dinero.
Fuente: https://observatorioblockchain.com/analisis-sociologicos/bancos-en-el-banquillo-cuando-chisme-y-dinero-fluyen-por-un-chat/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=bancos-en-el-banquillo-cuando-chisme-y-dinero-fluyen-por-un-chat
«Las opiniones vertidas por los colaboradores/medios externos son de su exclusiva responsabilidad y no constituyen una recomendación de inversión por parte de este medio.»

