La actuación de Bad Bunny en medio del acontecimiento deportivo del año en Estados Unidos, la Super Bowl, ha tenido todo tipo de repercusiones. Hasta el punto de que lo que podría considerarse inicialmente como un interesante añadido para mantener entretenida a la audiencia, mientras los deportistas se preparan para seguir compitiendo, se ha convertido en el verdadero acontecimiento. Y ello por diversos motivos, que van desde su mensaje político frente a Trump, hasta su indumentaria; pero, también, por el alto nivel que alcanzaron las apuestas sobre el desarrollo de la actuación.
La blockchain y los mercados de predicción
Apuestas sobre cuestiones como, por ejemplo, cuál iba a ser la canción con la que iniciase el espectáculo. La particularidad es que, gracias a la mediación de contratos inteligentes sobre la tecnología blockchain de Solana, los ganadores de la apuesta recibieron su recompensa inmediatamente. Bastó que el sistema recogiese las primeras notas de la canción, para que se activasen los flujos de recompensa, hacia los ganadores.
La cantidad de apostantes y de dinero apostado fue inmensa. Pero la sensación que se tuvo es que se trata solo de un gran salto en el mercado de las apuestas. El espectáculo no fue el fútbol, ni la actuación de Bad Bunny. El espectáculo fue el mercado de las apuestas masivas con recompensa inmediata.
Por las películas, ya sabemos que hay un estereotipo que nos dice que los norteamericanos son mucho de apostar dinero por casi todo. Por muchas más cosas que resultados deportivos. Ello ha creado una industria de las apuestas o predicciones, que es como se la denomina, en un intento de limpiar la mala reputación que tiene el concepto de apuesta. Se ha extendido en el propio deporte, apostándose por los fenómenos más inverosímiles. En nuestro fútbol (soccer), por cuestiones que van desde qué jugador marcará el primer gol o cuál será el primero sustituido, hasta por la concreción de los goles -¿de cabeza? ¿con la pierna derecha?.
Más de apostar comidas que billetes
Por aquí, éramos más de apostar comidas que billetes: “te apuesto una cena a que….”. Además, especialmente inclinados a hacerlo con fenómenos de nuestra vida cotidiana o profesional. En el deporte, apenas pasábamos de las tradicionales quinielas. Lo que se ponía en juego en nuestras apuestas era bastante más que dinero y una capacidad intuitiva.
Era la propia relación entre los apostantes. Era una cuestión de confianza: no se apostaba uno las cosas con cualquiera y, por supuesto, la recepción de la recompensa se dilataba en el tiempo, siendo su función principal reforzar esa relación. Era el tiempo de las apuestas personalizadas, donde se apostaba por cosas que implicaban a los apostantes, también en el resultado, pues no era cuestión de “pagar una comida” al ganador, sino de disfrutar una comida conjunta, que era pagada por el perdedor de la apuesta.
Lo de las apuestas en el deporte y, por extensión de los mercados de apuestas y predicciones, en todos los ámbitos de la vida social son otra cosa. Se trata de apuestas masivas despersonalizadas. Y no hay mayor instrumento de despersonalización que el dinero, como ya señaló el sociólogo alemán Simmel hace un siglo. Por eso no nos gusta que nos regale dinero esa persona con la que creemos tener un vínculo especial. Nos despersonaliza y se despersonaliza. Despersonaliza a donante y receptor.
Contratos inteligentes sobre tecnología blockchain
La industria de las apuestas masivas lleva mucho tiempo entre nosotros. Además, con una ágil adaptación a las innovaciones tecnológicas. Con la digitalización, el acortamiento del plazo entre el momento de realizar la apuesta y recoger las ganancias fue espectacular. Se aceleró enormemente. Ahora, con los contratos inteligentes sobre tecnología blockchain, las apuestas masivas casi se sitúan en una velocidad cuántica: recepción de ganancias inmediatas, una vez que ocurre el acontecimiento.
La Super Bowl de los 871 millones: Bad Bunny hizo que Wall Street se olvidara del fútbol
La tecnología está preparada. Otra cosa es si las personas lo estamos. Es la tecnología la que se encarga de pagarnos, si se cumple el acontecimiento. Pero el problema viene del hecho de acontecimientos que pudieran producirse por su vinculación con apuestas. Entonces, la predicción lleva a la acción predicha.
El muy extendido mercado de apuestas en el deporte ya nos ha traído noticias que refuerzan la mala fama de las apuestas. Ello sin necesidad de sofisticados amaños tipo El Golpe. Jugadores y equipos técnicos deportivos se han visto implicados en provocar acontecimientos, sobre los que previamente de forma vicaria habían apostado.
Sospechas
El sistema no parece complicado. Valga un ejemplo: dices a tus amigos que apuesten por ti, afamado jugador, como receptor de la primera tarjeta amarilla de amonestación del partido. Tus amigos apuestan. Tú te conviertes en el chico malo que empieza a segar la hierba en cuanto se acerque un jugador del equipo contrario, hasta que recibes la tarjeta de amonestación.
Por supuesto, la cosa no se ha quedado en el deporte. Ni las apuestas, ni las sospechas sobre la existencia de informaciones privilegiadas que llevan a la ganancia, gracias a una predicción que ya se sabía y que, por lo tanto, no era tal predicción. Uno de los últimos casos lo hemos tenido con las predicciones del último premio Nobel a María Corina Machado, pues planean movimientos de apuestas sospechosos de que había gente que, sabiendo con antelación la designación de la persona premiado, se aprovecharon de la información para hacer sus “apuestas”.
Sospechas que no van a ser un obstáculo para que el mercado de las apuestas masivas de recompensa inmediata basadas en tecnología blockchain sigan creciendo, instalándose en nuestros teléfonos móviles. Pues esto de apostar parece ser un elemento del genoma humano. Casi tanto como la capacidad de predecir.
Fuente: https://observatorioblockchain.com/analisis-sociologicos/bad-bunny-y-blockchain-el-rebranding-de-las-apuestas-de-siempre/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=bad-bunny-y-blockchain-el-rebranding-de-las-apuestas-de-siempre
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