Desde la crisis financiera, el endeudamiento conjunto de los hogares estadounidenses ha ido progresivamente aumentando. Aunque las hipotecas suponen el grueso del pasivo de las familias norteamericanas, el peso que están adquiriendo otro tipo de préstamos, como los académicos o los de vehículos, es cada vez más relevante. En paralelo al aumento del pasivo, las tasas de impagos y el estrés financiero han empezado a mostrar señales inquietantes, especialmente en el porcentaje de la población más vulnerable.
De momento, la situación financiera de los hogares de EEUU no parece implicar una recesión inminente, pero las vulnerabilidades comienzan a preocupar a la opinión pública de expertos y organismos como la Reserva Federal de Nueva York. Entre los principales peligros se encuentran una asfixia del consumo debido al costo de las cuotas crediticias y una caída de los mercados financieros que pueda provocar efectos en cadena imprevistos.
Los ciudadanos estadounidenses están aumentando la montaña de deuda a un ritmo inquietante. Según los datos del cuarto trimestre de 2025 de la Reserva Federal de Nueva York, la deuda conjunta de los hogares norteamericanos suma 18,7 billones de dólares, equivalente al PIB de China en un año y un nivel récord en la serie histórica que publica la Fed de Nueva York, que se remonta hasta el año 2003.
Estos niveles de pasivo no han dejado de escalar en las últimas décadas. En el tercer trimestre de 2008, justo cuando Lehman Brothers quebró y Occidente entró en la crisis financiera, el conjunto del pasivo de los hogares ascendía a 12,68 billones de dólares. En menos de 20 años, el endeudamiento estadounidense ha aumentado un 47%, y son los préstamos no hipotecarios los que más rápido están incrementándose. Los créditos ligados a las viviendas, que generaron la Gran Crisis Financiera, han perdido peso: mientras que en 2008 representaban el 79% del total del pasivo de los hogares ahora son el 72%.
Este aumento de la deuda atraviesa a todas las capas de la sociedad, pero son los hogares de menores ingresos quienes progresivamente se están viendo más ahogados y están incurriendo en un aumento en las tasas de impagos. Un informe del Instituto Levy indica que el 20% de la población que menos gana presenta un estrés crediticio más alto. Su ratio de endeudamiento sobre la renta disponible (los ingresos de los que disponen los ciudadanos después de pagar impuestos) roza el 120%. Es decir, el pasivo es más alto que el dinero del que pueden disponer, tanto para consumo, como para ahorrar, en los hogares más pobres, un reflejo del ahogamiento que está sufriendo este grupo.
Esta tendencia, siguiendo el mismo informe, también afecta al resto de hogares estadounidenses, con todos los grupos con niveles de endeudamiento sobre los ingresos superiores al 80%. Un artículo de la revista científica Economic Dynamics señala que el crecimiento del crédito se ha desacoplado del aumento de los ingresos de los hogares desde los años 70 del siglo pasado. La deuda norteamericana ha crecido tres veces más que los ingresos en el último medio siglo, y el peso de la deuda sobre la renta disponible de los ciudadanos es ahora más del doble del que era en el año 1995, cuando todos los grupos de riqueza se movían en el entorno del 40% en aquel momento.
Los impagos crecen hasta máximos de 2017
El estrangulamiento de los hogares se está materializando en un aumento de la morosidad que cada vez inquieta más a la Fed de Nueva York, que publica cada trimestre una actualización de la situación, y también está muy presente en la opinión pública estadounidense. Según explica la Fed de Nueva York, la tasa de impagos en los préstamos alcanzó el 4,8% sobre la deuda pendiente en el último trimestre de 2025, el nivel más alto desde 2017. Este aumento de la morosidad se ha visto impulsado justamente por las rentas más ahogadas como los jóvenes y los hogares de menores ingresos.
El incremento de los impagos es de una naturaleza cada vez más preocupante. El 3,3% de la morosidad supera la barrera de los 90 días a partir de los cuales, junto a otros indicadores, son clasificados por la Fed como créditos morosos de alto riesgo («serious delinquency», en inglés). En ellos las probabilidades de recuperar el dinero o de que se estabilice la economía doméstica son bajas, prácticamente, un impago seguro. Estos niveles no crecían de manera sostenida desde la crisis financiera de 2008.
Sin embargo, la gran diferencia con la última gran recesión que vivió Estados Unidos es que, hasta ahora, los impagos en las hipotecas se están manteniendo relativamente bajos. Ahora, el principal problema se encuentra en los préstamos no hipotecarios. El 16% de los préstamos estudiantiles ya supera la barrera de los 90 días de impago mientras que en el caso de las tarjetas de crédito asciende al 7%. La morosidad de los créditos académicos se ha disparado desde que el presidente de EEUU, Donald Trump, dejara expirar las medidas de exención de la anterior Administración para contener el impago.
El volumen de morosidad de riesgo roza el 3% en el caso de los préstamos de automóviles, el nivel más alto desde 2009, y en el caso de los préstamos de automóviles ‘subprime’ (los concedidos a los compradores con un perfil de riesgo más elevado), la tasa ha alcanzado, a finales de 2025, el 6,74% según Fitch, el dato más alto de toda la serie histórica. Esto ha salpicado a varias empresas del sector, algo que quedó patente a finales del año pasado con la quiebra de Tricolor Holdings, una compañía dedicada a la venta de coches de segunda mano y que financiaba a clientes con perfil crediticio de alto riesgo. El transporte privado es uno de los pilares de la economía doméstica norteamericana y una disminución en la compraventa de estos vehículos, que también está empezando a caer en los últimos meses, suele anticipar recesiones.
«En los últimos 15 años, el valor medio de los préstamos de coches se ha incrementado más que el de las hipotecas», explicó Rikard Bandebo, economista jefe en VantageScore, en un podcast de Bloomberg. «Lo que las familias parecen olvidar es que los seguros se han incrementado, al igual que los costes de las reparaciones». El precio medio de los automóviles nuevos ha superado en EEUU la barrera de los 50.000 dólares el pasado mes de septiembre, una cota que nunca antes había sobrepasado.
Las hipotecas aguantan sin grandes impagos
La mayor vulnerabilidad de la economía estadounidense relacionada con el endeudamiento privado se encuentra en las hipotecas, al ser el grueso de la deuda que han asumido los ciudadanos del país. Representan el 70% del total del crédito de los hogares y un aumento considerable de la morosidad podría suponer un vector de peligro en la economía norteamericana.
Hasta el momento, los impagos de los préstamos sobre las viviendas se han mantenido controlados, aunque empieza a haber señales de alarma. «A medida que los niveles de endeudamiento de los hogares crecen modestamente, la morosidad hipotecaria sigue aumentando», afirmó Wilbert van der Klaauw, asesor de investigación económica de la Reserva Federal de Nueva York, en un informe del organismo.
La tasa de morosidad de alto riesgo pasó del 1,09% en el último trimestre de 2024 al 1,38% en el cuarto trimestre de 2025. «Las tasas de morosidad hipotecaria se encuentran cerca de los niveles históricos normales, pero el deterioro se concentra en las zonas de bajos ingresos y en aquellas donde los precios de la vivienda están bajando», agregó Van der Klaauw. Los hogares acumulan una deuda pendiente de pagar en créditos hipotecarios de 13,2 billones de dólares.
«Estados Unidos tiene un gran problema, ya que tanto los tipos hipotecarios como los precios de la vivienda son elevados». indica Rebecca Christie, miembro senior del Instituto Bruegel, en declaraciones a elEconomista.es. «Por lo tanto, a los compradores primerizos les resulta muy difícil acceder al mercado inmobiliario, lo que significa que la propiedad de la vivienda está cada vez más fuera de su alcance».
Por el momento, una morosidad relativamente más baja en hipotecas indica que el problema no es una grave amenaza para la economía estadounidense, pero el aumento que se está produciendo, de momento, paulatino, es una señal que hay que vigilar.
¿Estamos a las puertas de una crisis de consumo?
El riesgo que esconde un incremento de los impagos por parte de los ciudadanos más vulnerables del país, y de las clases medias bajas, es que se pueda contagiar al consumo en la primera economía del mundo. En Estados Unidos, un 70% del PIB del país es directamente el consumo interno, según la Oficina de Estadísticas Laborales del país, y una caída generalizada del consumo puede terminar trasladándose a los resultados empresariales y desembocar en un mayor aumento del desempleo en el país, lo cual podría perjudicar todavía más al consumo.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, igual que la tasa de impagos contenida en el caso de las hipotecas reduce el riesgo de que se termine produciendo una crisis en la economía americana, el hecho de que sean las familias más vulnerables las que se están viendo más ahogada en los últimos años, y no tanto las clases medias y altas, es un factor que aleja la posibilidad de una crisis importante.
Los últimos datos que publica Moody’s Analytics muestran cómo el porcentaje del consumo total en Estados Unidos que proviene de los ciudadanos más adinerados del país no ha parado de crecer en los últimos años: el 10% más rico del país gasta el 49,2% del total, algo que fortalece a la economía frente al deterioro de la situación financiera de las clases más bajas. Este porcentaje ha crecido mucho en las últimas décadas, ya que, en 1992, los más ricos consumían en torno al 35% del total en el país.
Al mismo tiempo, el 20% de los ciudadanos con menor riqueza del país suponen entre un 8% y un 10% del consumo total, el porcentaje más bajo de todos los quintiles de la población estadounidense por riqueza. Así, parece complicado que su mala situación en este momento pueda descalabrar a toda la economía del país.
Javier Santacruz, profesor de economía, explica cómo «en la fase del ciclo en la que estamos, es normal que la tasa de impagos suba. Además, el ritmo al que lo está haciendo no es tan fuerte como antes de la Gran Crisis Financiera, y no veo una escalada preocupante. Tampoco me preocupa demasiado de cara a que pueda haber un frenazo fuerte en el consumo, mientras las rentas más altas sigan tirando del carro. En 2008 fueron estas las que dejaron de impulsar el consumo, y los impagos se transmitieron, de forma general, a la clase media», explica.
Trump quiere tipos bajos para aliviar la deuda
La apretada situación de muchas familias vulnerables en Estados Unidos está dejando otras evidencias, además del aumento en los impagos en el país. Según explicó en su análisis de perspectivas para 2026 Donatella Principe, directora de estrategia de mercado de Europa Continental de la gestora Fidelity, el presidente estadounidense, Donald Trump, está sufriendo un deterioro en el índice de aprobación por parte de los ciudadanos, y el principal motivo que los mueve es la percepción de que las medidas del presidente para bajar los precios, que han mermado su poder adquisitivo, no están dando resultados.
Los datos que maneja Fidelity muestran cómo más del 75% de los encuestados consideran «insuficientes» las políticas de Trump para reducir la inflación, y cómo ésta, la inflación, se considera el segundo problema más importante por parte de los ciudadanos, sólo por detrás de «la economía y el empleo». «Está subiendo el IPC de los bienes, y cayendo el de servicios, lo contrario a la narrativa de Trump», explicaba Principe a principios de enero, algo que llevaba a la conclusión de que el presidente «está perdiendo aprobación; a la gente no le preocupa tanto la política exterior», señalaba.
Principe insistía en que «si Trump pierde las elecciones de medio mandato [el próximo noviembre], puede perder todo su poder», y justificaba esto con el argumento de que el segundo mandato del presidente se está caracterizando por la capacidad que tiene ahora Trump, que no tenía en el primer mandato, de llevar a cabo sus políticas con más libertad, gracias a contar con la aprobación de las dos Cámaras en Estados Unidos.
Esto explica la importancia para el presidente de mejorar su aprobación en los próximos meses, ya que es consciente de los problemas que están experimentando las clases más bajas, y la gran batalla en este frente es la de mejorar la capacidad de poder adquisitivo de los estadounidenses. De ahí las presiones de Trump y su insistencia para que la Reserva Federal baje los tipos de interés, algo que aliviará el coste de la deuda para los ciudadanos y puede mejorar, al menos en el corto plazo, la situación financiera y reducir los problemas para las familias más vulnerables.
El riesgo de un ‘shock’ bursátil
Otra inquietud es si este fenómeno del incremento de los impagos puede acabar provocando una caída de los mercados financieros que pueda trasladarse a la economía real. «Si se produce un colapso generalizado de la deuda privada, será porque algo malo le ha sucedido a la economía real», señala Christie.
Christie confirma cómo, a día de hoy, no hay señales de derrumbe inmediato: «La economía nacional estadounidense se ha mostrado bastante resistente a pesar de toda la agitación política: el crecimiento del PIB es fuerte, el desempleo se mantiene controlado en torno al 4,5% y el índice de precios al consumo que mide la inflación se ha mantenido entre el 2% y el 3%. Mientras tanto, los tipos de interés se mantienen estables e incluso tienden a bajar». Todo ello apunta a que «el crédito al consumo seguirá estando ampliamente disponible» para la mayoría de los hogares de EEUU.
Para la experta de Bruegel, la receta para solucionar el problema estructural de la deuda pasa por aumentar el parque inmobiliario y mantener un alto crecimiento protegiendo el empleo, la confianza de los consumidores y conteniendo la inflación, así como intervenir en campos específicos como los créditos estudiantiles o endureciendo las condiciones de las tarjetas de crédito para evitar impagos.
El crecimiento económico de EEUU está cada vez más ligado al capitalismo financiero y de ahí los temores de que una caída de las bolsas pueda terminar salpicando a la economía real. The Wall Street Journal apunta en un análisis que, mientras los salarios representaban el 58% del PIB de EEUU en 1980, ahora ha descendido al 51,4%. Por el contrario, el peso de las ganancias corporativas en la economía se ha duplicado en ese tiempo hasta el 11,7%.
La divergencia entre el capital y el trabajo ayuda a explicar la desconexión entre una economía boyante y unos hogares pesimistas», indica Grep Ip, comentarista jefe de economía de WSJ, en el artículo. «La fuerza financiera bruta de toda esa riqueza significa que las fluctuaciones del mercado son más importantes para el gasto de los consumidores», añade.
Los estadounidenses cada vez son más dependientes de Wall Street hasta el punto de que un creciente número de planes de pensiones tienen posiciones relevantes en los mercados de renta variable de EEUU. Estos son mucho más volátiles que los predecibles bonos soberanos, aunque ofrecen rentabilidades más altas, y las altas valoraciones que han alcanzado en los últimos años han aumentado el temor de muchos analistas de que pueda haber una corrección fuerte.
No hay una receta clara que permita identificar cómo solucionar la asfixia crediticia de los hogares estadounidenses, especialmente de aquellos con ingresos más bajos, pero, mientras se mantenga el crecimiento económico y de empleo estables junto a una contención de la inflación y los tipos de interés, la economía podrá seguir adelante. Sin embargo, un aumento fuerte en las tasas de impago de hipotecas, más allá del que se está produciendo, o un crecimiento en la morosidad de los grupos de población más ricos podría deshacer el castillo de naipes y terminar creando un frenazo en el crecimiento de Estados Unidos, e incluso una recesión.
Fuente: http://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13772952/02/26/el-castillo-de-naipes-sobre-el-que-se-sostiene-eeuu-da-senales-de-debilidad-la-deuda-estrangula-a-los-hogares-mientras-aumentan-los-impagos.html
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